¿Qué es el infierno?

Según algunas religiones, el infierno (del latín inférnum o ínferus: ‘inferior, subterráneo’) es el lugar donde, después de la muerte, son torturadas eternamente las almas de los pecadores. Es equivalente al Gehena del judaísmo, al Tártaro de la mitología griega, y al Inframundo de las religiones paganas.

En la teología católica, el infierno es una de las cuatro postrimerías del hombre. No se le considera un lugar sino un estado de sufrimiento. En contraste con el infierno, otros lugares de existencia después de la muerte pueden ser neutros (por ejemplo, el Sheol judío), o felices (por ejemplo, el Cielo cristiano).

Algunas teologías del infierno ofrecen detalles gráficos y siniestros (por ejemplo, el Naraka del budismo, uno de los seis reinos del samsara). Las religiones con una historia divina lineal a menudo conciben el infierno como infinito (por ejemplo, las creencias del cristianismo), en cambio las religiones con una historia cíclica suelen mostrar el infierno como un período intermediario entre la reencarnación (por ejemplo, el Diyu, reino de los muertos de la mitología china). El castigo en el infierno habitualmente corresponde a los pecados cometidos en vida. A veces se hacen distinciones específicas, con almas condenadas sufriendo por cada mal cometido (ver como ejemplo el Mito de Er de Platón o el poema de La Divina Comedia de Dante Alighieri), mientras que otras veces el castigo es general, con pecadores siendo relegados a una o más cámaras del infierno o niveles de sufrimiento (por ejemplo, según Agustín de Hipona los niños no bautizados, aunque privados del Cielo, sufrían menos en el infierno que los adultos no bautizados). En el islam y el cristianismo, de todas maneras, la fe y el arrepentimiento tienen mayor importancia que las acciones en determinar el destino del alma después de la muerte.


El infierno es usualmente imaginado como poblado por demonios, quienes atormentan a los condenados. Muchos son gobernados por un rey de la muerte:

Otras concepciones del infierno suelen definirlo abstractamente, como un estado de pérdida más que una tortura en un lago de fuego literalmente bajo la tierra. También hay quien entiende que los muertos no están conscientes y el infierno no puede ser un lugar abrasador de tormento donde las personas malvadas sufran después de la muerte.

Antiguo Testamento – Biblia hebrea
  • Sheol: Génesis 37:35, 42:38, 44:29, 44:31, etc.
  • Hinnom: Jeremías 19:6, etc.
Nuevo Testamento
  • Hades: Evangelio de Mateo 11:23 16:18. Evangelio de Lucas 10:15. Hechos de los Apóstoles. 2:27,31. 1 Corintios 15:55. Apocalipsis 1:18, 6:8, 20:13,14
  • Gehenna: Evangelio de Mateo 5:22,29, 30 , 10:28, 18:09, 23:15,33. Evangelio de Marcos 9:43,45,47, Lucas 12:05, Epístola de Santiago 3:6.

La palabra «infierno» se halla en muchas traducciones de la Biblia. En algunos casos es traducida por ‘sepulcro’ o ‘el lugar de los muertos’ y en otras se deja sin traducir, como en el caso de la palabra hebrea she’ol que equivale a la griega hai′des, es decir la tumba de toda la humanidad. También está en este caso la palabra griega ge′en•na que hace referencia a la destrucción eterna.

Representación de los cuatro evangelistas con su correspondiente simbología: Mateo (ángel o hombre alado), Marcos (león alado), Lucas (toro alado) y Juan (águila).

El infierno se percibe contrario a la bendición de los que heredan el reino de Dios:

  • Venid, benditos… (Mateo 25:34): “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.”

Son varias las referencias e imágenes existentes en la Biblia de las que muchos deducen que se trata de un lugar de sufrimiento:

  • Apartaos de mí, malditos (Mateo 25:41): “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.”
  • Un lugar de tormentos (Lucas 16:23): “en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno…”.
  • Un horno de fuego (Mateo 13:42): “y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.”
  • Un lago de fuego y azufre (Apocalipsis 20:10): “Y el diablo que los engañaba, fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.”
  • Un lago de fuego (Apocalipsis 20:15): “El que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego“.
  • “Si alguno adora a la Bestia y a su imagen, y acepta la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su cólera. Será atormentado con fuego y azufre delante de los santos Ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento se elevará por los siglos de los siglos. Y no habrá reposo, ni de día ni de noche”. (Apocalipsis 14:9-11)
  • “El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los que sirven de tropiezo y a los que hacen el mal.” (Mateo 13:41)
  • “Así será el fin del mundo: vendrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno de fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.” (Mateo 13:49-50)
  • “Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, donde el gusano no muere y el fuego nunca se apaga“. (Marcos 9:47-48)

La palabra «infierno» que emplean la traducción católica de Félix Torres Amat, la versión de Cipriano de Valera (actualizada en 1909) y otras para traducir el término hebreo she’ól y el griego hái•dēs. Torres Amat traduce she’ól como (a veces con añadidos en bastardillas): ‘infierno(s)’ 42 veces; ‘sepulcro’ 17 veces; ‘muerte’ 2 veces, y ‘sepultura’, ‘mortuorias’, ‘profundo’, ‘a punto de morir’ y ‘abismo’ 1 vez cada una. En la Versión Valera de 1909, she’ól se traduce ‘infierno’ 11 veces, ‘sepulcro’ 30 veces, ‘sepultura’ 13 veces, ‘abismo’ 3 veces, ‘profundo’ 4 veces, ‘huesa’ 2 veces, ‘fosa’ 2 veces y ‘hoyo’ 1 vez. Esta misma versión siempre traduce hái•dēs por ‘infierno(s)’, traducción que siguen las versiones Nácar-Colunga (excepto en Hechos 2:27, 31), Torres Amat y Felipe Scío de San Miguel.
No obstante, otras versiones actuales son más uniformes en la traducción. Por ejemplo, la Versión Valera (revisión de 1960) translitera la palabra original como ‘seol’ 65 veces y emplea ‘profundo’ 1 vez, mientras que utiliza ‘Hades’ siempre que aparece en el Nuevo Testamento. Otro tanto ocurre con la palabra griega gué•en•na, que —aunque algunos la vierten por ‘infierno’ (8 veces en la Versión Valera de 1909)— se suele transliterar en la mayoría de las traducciones españolas.

Ha causado mucha confusión y desconcierto el que los primeros traductores de la Biblia tradujesen sistemáticamente el Sheol hebreo y el Hades y el Gehena griegos por la palabra «infierno’. La simple transliteración de esas palabras en ediciones revisadas de la Biblia no ha bastado para paliar de modo importante esta confusión y malentendido.

Encyclopedia Americana (1956, volumen 14, pág. 81)

La palabra latina «infernus» (inferum, inferi), las griegas «Hades» y «Gehena», y la hebrea «sheol» corresponden a la palabra «infierno». (…) Además de Gehenna y Hades, encontramos en el Nuevo Testamento muchos otros nombres para el sufrimiento de los condenados. Es llamado el “infierno menor” (Vulg. Tartarus) (II Pedro, ii,4) “abismo” (Lucas, viii, 31 y otros) “lugar de los tormentos” (Lucas, xvi, 28) “alberca de fuego” (Apoc., xix, 20 y otros) “estufa de fuego” (Mateo, xiii, 42, 50) “fuego inextinguible” (Mateo iii, 12 y otros) “Fuego eterno” (Mateo, xviii, 8; xxv, 41; Judas, 7) “oscuridad exterrior” (Mateo vii,12; xxii, 13; xxv,30) “niebla” o “tormenta de oscuridad” (2Pedro, ii, 17; Judas 13). El estado de los condenados en llamado “destrucción” (apoleia, Filip, iii, 19 y otros) “perdición” (olethros, I Tim., vi, 9), “destrucción eterna” (olethros aionios, II Tes., i, 9) “corrupción” (phthora, Gal., vi, 8), “muerte” (Rom., vi, 21), “segunda muerte” (Apoc., ii, 11 y otros).

Originariamente, la voz designaba lo que queda situado «más abajo» o «inferior» al espectador. Así pues, la palabra «infierno» originalmente no comunicó ninguna idea de calor o tormento, sino simplemente la de un lugar «más abajo» o «inferior», de modo que su significado era muy similar al del she’ól hebreo. Es interesante que incluso en la actualidad esta palabra significa, según la misma enciclopedia, ‘lugar subterráneo en que sienta la rueda y artificio con que se mueve la máquina de la tahona’.

Enciclopedia Larousse (1981, vol. 5, pág. 5201)

La teología cristiana ha discutido la noción de «infierno» a lo largo de su historia. En un tiempo no hubo duda de que se trataba del lugar en el que se castiga eternamente a los pecadores, en el que los tormentos no podían ser conmutados.
En el siglo III, Orígenes sostuvo la hipótesis que lleva por nombre Apocatástasis o Restauración, que implicaba la idea de que, al final de los tiempos y luego de sufrir diversas penalidades, todos los condenados al infierno -incluyendo a Satanás y a los restantes ángeles caídos– serían liberados. Esta idea fue condenada como herejía por la Iglesia. En contraste, Agustín de Hipona y Tomás de Aquino creían que la gran mayoría de las personas se condenaría al infierno. De hecho, Agustín se refería a los réprobos como la massa damnata o multitud de condenados. El teólogo luterano Karl Barth y su colega católico Hans Urs von Balthasar sostuvieron que existe una razonable esperanza de que todas las personas serán salvadas, por el tremendo acto de amor que realizó Cristo en la cruz. En la actualidad, el pastor evangélico Rob Bell sostiene que el infierno está vacío. C. S. Lewis sostenía que el infierno semeja la celda de una prisión, en donde la puerta del calabozo se cierra desde dentro, no desde fuera, siendo la intención del condenado el no querer vivir la eternidad con Dios. El exorcista católico José Antonio Fortea hace notar que es el mismo Cristo quien refiere con más insistencia la existencia del infierno y que muchos serán los condenados. Aunque cree que el número de condenados será pequeño en comparación con el de todos los seres humanos nacidos desde la Creación, para los condenados -ya sean cien, mil, diez mil o más- el castigo será eterno. También sostiene que la gran mayoría de los sacerdotes en la Iglesia Católica trata de restarle importancia al infierno y a la condenación eterna por no asustar a sus feligreses. 

Sin embargo señala la Enciclopedia católica de principios del siglo XX (una de las obras más vastas del catolicismo) que «el dogma católico no rechaza el suponer que Dios pueda, a veces, por vía de excepción, liberar un alma del infierno». Sin embargo, la misma Enciclopedia dice que «los teólogos son unánimes en enseñar que tales excepciones nunca ocurrieron y nunca ocurrirán». Acerca del uso del término «fuego» que «no hay suficientes razones para considerar el término «fuego» como una mera metáfora». Sin embargo, el 28 de julio de 1999 en la catequesis que impartió ante 8000 fieles en el Vaticano, el papa Juan Pablo II dijo:

Las imágenes con las que la Sagrada Escritura nos presenta el infierno deben ser rectamente interpretadas. Ellas indican la completa frustración y vacuidad de una vida sin Dios. El infierno indica más que un lugar, la situación en la que llega a encontrarse quien libremente y definitivamente se aleja de Dios, fuente de vida y de alegría.8

Juan Pablo II

Aunque, para algunos, estas palabras de Juan Pablo II provocaron polémica, no se niega la existencia del infierno, pero se le da un sentido espiritual, antes que concreto y material. Algunos fieles y teólogos, como Hans Küng, han rechazado la existencia del infierno por considerarla incompatible con el amor del Dios omnipotente.
Sin embargo hay consenso en creer que no es Dios quien «envía» al hombre al purgatorio o al infierno, sino que es el hombre mismo (por las actitudes y obras que vivió en su tiempo de existencia terrena), quien decide libremente su destino final; si ha creído en Jesús y vivido piadosamente el cielo le esperará, si ha cometido pecados no confesados y necesita purificación para acceder al cielo, ella misma pedirá un tiempo en el purgatorio para purificarse y entrar a la gloriosa presencia de Dios, limpia; y si ha vivido en enemistad con Dios, con los demás y consigo misma, ella misma pedirá el destino que le corresponde como fruto de sus acciones y creencias.
El escritor católico contemporáneo José María Cabodevilla trata el tema -de por sí complejo- en unos pocos renglones:

Representación de Fra Angélico, por Luca Signorelli. Fra Angélico imaginó a Cristo como un juez con la túnica abierta y mostrando mansamente sus llagas.

Dios no condena a nadie: «Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo condenaré» (Juan 12,47). No hace falta ninguna sentencia, ningún juicio. «El que no cree ya está juzgado» (Juan 3,18). ¿Qué necesidad hay de imaginar un Cristo juez? El Cristo de la Capilla Sixtina es un juez en plena actividad, ejecutor él mismo de la sentencia, iracundo, violento. No me convence. La interpretación de Fra Angélico me parece mucho más verosímil (y también más terrible) que la de Miguel Ángel. Pintó un juez que es lo menos parecido a un juez: el Hijo del Dios con la túnica abierta y mostrando mansamente sus llagas. No hace nada, no dice nada. Los pecadores apartan la vista de él y marchan sobre sus propios pasos […]. «Él quiere que todos los hombres se salven» (1Timoteo 2,4). «No quiere que nadie perezca» (2Pedro 3,9). Salvación y reprobación no están en el mismo plano, no son acciones correlativas. Aquí quiebra aquella correspondencia o proporción entre el cielo y el infierno. El cielo es un don divino, pero el infierno no es una venganza divina. No son verdades del mismo rango ni pertenecen al mismo nivel. No hay simetría entre una cosa y otra. No hay un doble ofrecimiento de salvación y condenación, como si se tratara de dos destinos parejos. Dios sólo ofrece la salvación, y el hombre puede aceptarla o rechazarla. Los réprobos se apartaron de Dios por su propia voluntad, y seguirán eternamente apartados de Él por su propia obstinación. La persistencia de este rechazo es la que explicaría en última instancia la eternidad del infierno. Si se dice que la gravedad del castigo responde a la gravedad de la ofensa, hay que decir que su duración responde a la duración de la misma. El castigo no cesará nunca porque tampoco va a cesar el pecado. También aquí la explicación parece muy forzada, elaborada artificialmente por esa manía apologética de justificar o excusar a Dios. Sin embargo, si aceptamos la posibilidad de una opción libre y absoluta contra Dios, debemos reconocer que el infierno se limita a confirmar esa opción. Lo que llamaríamos alejamiento irreversible de Dios respecto del pecador se debe únicamente a que éste así lo quiso cuando dio carácter absoluto y, por tanto, irrevocable a su ruptura con Dios. En definitiva, aunque parezca extraño, aunque parezca escandaloso, habrá que decir que el pecador continúa en el infierno porque quiere. La puerta del infierno está cerrada para siempre, pero está cerrada por dentro. Esta eterna aversión hacia Dios, eternamente renovada, no deja de ser contradictoria. Por propia voluntad el réprobo se apartó de Él, pero ha quedado herido por la visión de su rostro para toda la eternidad. Herido y fascinado. Ni siquiera allí lo terrible anula lo fascinante. Para que el condenado pueda sufrir por la ausencia de Dios es menester que la valore: hace falta que se sienta atraído por Dios a la vez que rechazado. En correspondencia, él debe experimentar, junto a esa irresistible atracción, un aborrecimiento sólo comparable a ella. Y esta contradicción lo traspasa, lo desgarra. En la medida en que tal atracción pudiera entenderse como una patética forma de amor involuntario, la respuesta divina no sería un gesto de cólera, sino algo peor, un rehusarse desdeñoso: «No os conozco».9

José María Cabodevilla

Como señala José Antonio Fortea, el infierno no es un lugar sino un estado. Sólo al momento del Juicio final, con la resurrección de los muertos, tanto el cielo como el infierno se convertirán en un lugar en donde los resucitados condenados pagarán con tormentos físicos y espirituales, así como las personas salvadas resucitarán físicamente para disfrutar eternamente de la Gloria de Dios.


Entre los aproximadamente seis mil setecientos millones de personas en el mundo, más de dos mil millones son cristianos, y cerca de mil trescientos millones son musulmanes. En conjunto estas dos religiones tienen aproximadamente la mitad de la población mundial, y ambos grupos creen en un lugar de condenación eternamente ardiendo. El concepto del infierno también ocupa un lugar en el judaísmo, sin embargo adopta diferentes formas en las religiones orientales como el hinduismo, budismo, taoísmo, jainismo y el zoroastrismo. La idea del tormento perpetuo (o casi perpetuo) es tan común en las religiones y culturas del mundo que si usted menciona la palabra “infierno” un concepto determinado surge en la mente de las personas inmediatamente.

Siendo el cristianismo la religión más grande del mundo, parece más que razonable explorar lo que tiene que decirnos a cerca del tema el “Libro de libros”, la Biblia. Sin embargo los seguidores del judaísmo y el islam también comparten el epíteto “Gentes del Libro”, debido a que reconocen un patrimonio común—un linaje que se remonta a Abraham y por lo tanto un respeto compartido por muchos de los personajes que leemos en el Antiguo Testamento.

Comenzaremos con un breve vistazo con el concepto del infierno como se enseña en el islam y el cristianismo.

UN ARDIENTE DESTINO 

Mahoma, reconocido como el profeta fundador del Islam, vivió unos 600 años después de Jesucristo (véase “Mahoma: Volteando al Mundo de Cabeza”). Por ese entonces el concepto del infierno ya estaba bien establecido en el cristianismo, así que Mahoma lo adoptó dentro de la nueva religión. De hecho, el infierno y el juicio final se encuentran dentro de los temas dominantes del Corán, que advierte: “A aquellos que se nieguen a creer en nuestros signos, los acercaremos al fuego ardiente. Tan pronto como su piel sea consumida por el fuego, los revestiremos con otra para hacerles probar el suplicio (Sura 4:56, Traducción Khalifa). Numerosos versículos relegan a los incrédulos a este ardiente infierno, “donde permanecerán para siempre”.

El cristianismo, incluyendo al catolicismo romano, la ortodoxia oriental y al protestantismo, de igual manera está en gran medida enmarcado con los conceptos del juicio y, por aquellos que no cumplen los criterios necesarios, sufrimiento eterno en el infierno. El credo de Atanasio, considerado por los doctos que data del siglo quinto o principios del siglo sexto y venerado por la iglesia católica romana y varias iglesias protestantes, termina con estas palabras: “Y los que hubieren obrado bien irán a la vida eterna; y los que hubieren obrado mal, al fuego eterno. Esta es la fe católica, la cual, a menos que el hombre crea fielmente y firmemente, no puede ser salvo”.

Agustín, influyente obispo del siglo cuarto en Hipona al norte de África jugó un papel clave en el desarrollo de la doctrina cristiana sobre el eterno infierno ardiente. Un definidor principal de la subsecuente fe cristiana, escribió numerosos libros, de los cuales algunos están considerados entre las grandes obras literarias de la civilización occidental (véase “Agustín, Un Gigante Fuera de su Época” y “El Envenenado Cáliz de Agustín”).

Agustín escribió que “el infierno, al cual también se le llama lago de fuego y azufre, será fuego material, y atormentará el cuerpo de los condenados”. También escribió de “aquellos dolores eternos que han de seguir” al juicio final (La Ciudad de Dios 21.10, 13). El obispo contendió que cada niño que nace, inmediatamente y de manera automática es condenado por el pecado original de Adán y Eva. A consecuencia de esto, todos lo no bautizados dentro del cristianismo ortodoxo, incluyendo los recién nacidos y otros que ni siquiera han oído de Jesucristo, están sujetos a castigo. Uno muy bien podría preguntarse, ¿Cómo puede ser eso justo de parte de Dios? No obstante los argumentos de Agustín hoy en día aun se mantienen como fundamentos de lo que creen y enseñan muchas iglesias cristianas.

Casi a mil años después de Agustín, el italiano Dante Alighieri escribió La Divina Comedia. Dante era un ferviente católico, político, poeta y filósofo. Su obra, como la de Agustín, es considerada uno de los pilares de las ideas religiosas occidentales. En la historia de Dante este toma un recorrido por ultratumba. Va primero al infierno, después al purgatorio, y finalmente al paraíso, y escribe acerca de todo lo que ve. Su grotesca imagen del infierno se arraigó en la cultura occidental, habiendo inspirado a notables como Miguel Ángel, Gustave Doré, Sandro Botticelli, John Milton y T.S. Eliot.

AVIVADO POR LOS ANTIGUOS

¿De dónde sacaron sus ideas Agustín y Dante sobre el eterno sufrimiento guardado para los pecadores? ¿A caso es bíblico? Es cierto que para la época de Cristo, el judaísmo ya había incorporado conceptos relacionados dentro de su sistema de creencias, no obstante en épocas anteriores no se enseñaba que un infierno eternamente ardiendo sería el destino de los no salvos. Tampoco lo enseñaba la Iglesia del Nuevo Testamento. La doctrina tiene sus raíces por otro lado.

El guía de Dante por el infierno fue Virgilio, poeta romano del siglo primero AC. En su poema épico la Eneida, el héroe, Eneas, también es llevado por un viaje al infierno. Más tarde la representación grafica del lúgubre y macabro lugar de Virgilio influenció profundamente a artistas y escritores.

No obstante, el concepto del infierno como un lugar de tormento también precede a Virgilio. Una serie de antiguas civilizaciones, incluyendo las de Mesopotamia, India, Egipto y Grecia, poseían el concepto de un inframundo como parte de su mitología—el reino de los muertos. Estrabón, geógrafo griego del siglo primero AC, hablaba sobre el valor de dichos mitos, notando que “los estados y los legisladores los habían sancionado como un recurso útil”. Luego pasó a explicar que la gente “son disuadidos de maldiciones cuando, ya sea por medio de descripciones o a través de representaciones típicas de objetos no vistos, aprenden sobre castigos divinos, espantos, y amenazas”. Al tratar con lo irrefrenable, la razón o exhortación por sí sola no es suficiente, escribió Estrabón; “existe también la necesidad del temor religioso, y este no puede ser despertado sin mitos y maravillas. . . . Los fundadores de los estados dieron sus sanciones a estas cosas como espantajos con que ausutar a los ingenuos” (Geografía 1.2.8).

Con el surgimiento de la filosofía occidental a manos de Sócrates y sus herederos intelectuales Platón y Aristóteles, los conceptos de la vida, la muerte y el más allá tomó nuevas dimensiones. También en el Oriente, la vida póstuma continuó agitando la imaginación. Estrabón señaló sobre un grupo de filósofos orientales que “tejen en los mitos, como Platón, acerca de la inmortalidad del alma y los juicios en el Hades y otras cosas de ese tipo” (Geografía 15.1.59).

Platón (ca. 428–347 AC) se convirtió en figura clave en el desarrollo de estas ideas. Su nombre aparece con frecuencia en los escritos de Agustín, quien señaló había “perfeccionado la filosofía” y que él “es preferido justamente al resto de los otros filósofos de los gentiles”. Aunque el obispo en ninguna manera ratificó las ideas de Platón, tomó en gran consideración varias de sus opiniones filosóficas—“opiniones algunas veces favorables a la verdadera religión, que nuestra fe absorbe y defiende” (La Ciudad de Dios 8.4).

El resultado ha sido de inmensa importancia para el cristianismo tradicional. La Stanford Encyclopedia of Philosophy (La Enciclopedia de Filosofía de Stanford), que describe a Agustín como un “cristiano neoplatónico”, destaca: “Uno de los acontecimientos decisivos en la tradición filosófica occidental, fue la eventual fusión generalizada de la tradición filosófica griega con la religión judío-cristiana y las tradiciones bíblicas. Agustín es una de las figuras principales a través y por la cual se llevó a cabo esta fusión”.

Uno de los principios fundamentales del pensamiento neoplatónico adoptado por Agustín, fue que los seres humanos poseen un alma inmortal. Este fue un paso crucial en su desarrollo de la idea de que los incrédulos podrían ser confeccionados para soportar el tormento eterno en el infierno.

DE REGRESO A LA BIBLIA

Las culturas y filosofías paganas han contribuido grandemente con los conceptos modernos del infierno. Sin embargo, ¿qué dice la Biblia misma sobre el tema?

En el Antiguo Testamento la palabra hebrea que con frecuencia se traduce como “infierno” es sheol, aunque de hecho significa “la fosa”. La Biblia enseña que cuando morimos, simplemente vamos a la fosa (véase Salmos 49:10–11 y Eclesiastés 3:19–20). El Interpreter’s Dictionary of the Bible (Diccionario Interprete de la Biblia) comenta, “En ninguna parte del Antiguo Testamento la morada de los muertos es un lugar considerado como de castigo o tormento. El concepto del “infierno” se desarrolló en Israel solamente durante el periodo helenístico” (a partir del siglo cuarto AC). Ideas religiosas y filosóficas griegas, incluyendo esas de Aristóteles y Platón, llegaron a influenciar a toda la región durante esa época. La Merriam-Webster’s Encyclopedia of World Religions (Enciclopedia de las Religiones del Mundo de Merriam-Webster) señala que “muchos aspectos formales de la religión helenística. . . persisten en las tradiciones judías y cristianas de la actualidad”.

En el Nuevo Testamento, encontramos que hay tres palabras griegas traducidas como “infierno”. La que se utiliza con más frecuencia es gehenna, que se refiere al Valle de Hinom, justamente a las afueras de los muros de Jerusalén, en los días de Jesús era en donde los locales tiraban y quemaban la basura.

El valle es mencionado por primera vez en Josué 15:8 (Versión Reina-Valera 1960): “Y sube este límite por el valle del hijo de Hinom al lado sur del jebuseo, que es Jerusalén”. En este entonces Jerusalén estaba en manos de los jebuseos, y el valle marcaba el lindero entre las tierras heredadas por dos de los hijos de Jacob—también conocido como Israel—particularmente, Judá y Benjamín.

El Theological Dictionary of the New Testament (Diccionario Teológico del Nuevo Testamento) dice que el Valle de Hinom “adquirió mala reputación por los sacrificios que se ofrecían ahí a Moloch en los días de Ahab y Manasés [reyes de Judá]. . . . Al Valle de Hinom se le llegó a comparar con el infierno del juicio final en la literatura apocalíptica”—escritos judíos extra bíblicos—“a partir del siglo segundo BC. . . . El nombre gehinnom de esta manera llegó a ser utilizado para el fuego escatológico del infierno. Esta es la etapa de desarrollo reflejada en el Nuevo Testamento. En el siglo primero DC fue ampliado mas para cubrir el lugar donde los impíos serán castigados en un estado intermedio, sin embargo esto no se encuentra en el Nuevo Testamento” (énfasis añadido). Continúa diciendo, “En el Nuevo Testamento no existe descripción de los tormentos del infierno como se encuentra en la literatura apocalíptica”, la cual más tarde fue incluida en los escritos cristianos de igual manera.

Una vez más, para entender la fuente sobre la idea que la gente es torturada en un infierno de fuego eterno, tenemos que ir fuera de las Escrituras. Esto debería mandar un signo de peligro para aquellos que consideran la Biblia como su fuente de fe.

Como ya se señaló anteriormente, el valle de Hinom había adquirido connotaciones negativas a través de los años. De acuerdo a Jeremías 7, los habitantes israelitas de la región habían erigido ídolos en el templo de Dios, y en el valle adjunto habían construido altares a dioses falsos. Habían quemado incluso a sus hijos para apaciguar a los dioses paganos.

En Jeremías 19:4–7, el profeta presenta este mensaje de parte de Dios: Porque me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en él incienso a dioses ajenos, los cuales no habían conocido ellos, ni sus padres, ni los reyes de Judá; y llenaron este lugar de sangre de inocentes. Y edificaron lugares altos a Baal, para quemar con fuego a sus hijos en holocaustos al mismo Baal; cosa que no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento. Por tanto, he aquí vienen días, dice Jehová, que este lugar no se llamará más Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza. Y desvaneceré el consejo de Judá y de Jerusalén en este lugar, y les haré caer a espada delante de sus enemigos, y en las manos de los que buscan sus vidas; y daré sus cuerpos para comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.

Así es como era conocido Gehenna en los días de Jeremías. En el Nuevo Testamento, la palabra gehenna generalmente es utilizada en referencia a la destrucción de los hacedores de maldad. Jesús dijo, “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”—gehenna (Mateo 10:28). En otras palabras, te puede matar la gente, pero solamente el cuerpo. No les temas; témele al que puede ponerte fin para siempre.

Jesús utilizó la palabra en otras situaciones de igual maner, siempre aludiendo a esa basura ardiente como metáfora por la muerte final del malvado incorregible

LAS LLAVES DE LA MUERTE Y EL HADES

Otra palabra griega en el Nuevo Testamento traducida como “infierno” es hades: el lugar de los difuntos, la fosa, al igual que sheol en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, en Mateo 11:23 Jesús dice: “Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida”. La ciudad no iba a ser atormentada por siempre; iba a ser colocada en la fosa—destruida.

Del mismo modo, Jesús le dijo a sus discípulos que “y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” la Iglesia que Él estableció (Mateo 16:18). La Iglesia de Dios nunca morirá o será “sepultada”.

En el libro del Apocalipsis, la palabra traducida como “infierno” es siempre hades, que significa “la fosa”. Por ejemplo, el Jesús resucitado dice: “Y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:18). Con estas llaves simbólicas, las fosas de los muertos serán abiertas en un tiempo futuro. En ese momento, de acuerdo a la visión que el apóstol Juan vio, “Y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos” (Apocalipsis 20:13). Ambos versículos se refieren simplemente a la fosa. El último se refiere a personas siendo resucitadas a una vida física. Después de esta resurrección, “La muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego” (versículo 14). La muerte misma será destruida—hecha obsoleta.

En el libro del Apocalipsis, la palabra traducida como “infierno” es siempre hades, que significa “la fosa”. Por ejemplo, el Jesús resucitado dice: “Y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:18). Con estas llaves simbólicas, las fosas de los muertos serán abiertas en un tiempo futuro. En ese momento, de acuerdo a la visión que el apóstol Juan vio, “Y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos” (Apocalipsis 20:13). Ambos versículos se refieren simplemente a la fosa. El último se refiere a personas siendo resucitadas a una vida física. Después de esta resurrección, “La muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego” (versículo 14). La muerte misma será destruida—hecha obsoleta.

Otra palabra traducida como “infierno” en el Nuevo Testamento: tartaroo. Solo fue utilizada por el apóstol Pedro, una sola vez, cuando escribió sobre el lugar donde se retienen a los espíritus malvados que eventualmente serán atados (2 Pedro 2:4). Al igual que gehenna y hades, no tiene nada que ver con el hombre sufriendo por la eternidad en un infierno ardiendo eternamente.

Sin embargo, ¿qué acerca de las palabras de Jesús en Mateo 25:41: “Entonces dirá también a los de la izquierda: apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”? El diablo y sus ángeles—o demonios—son seres espirituales inmortales, y el “fuego eterno” representa su destino final: encarcelados por Dios para que no sigan causando más estragos en el resto de Su creación. Debido a que están en continua rebeldía contra Dios, tendrán que ser constreñidos por toda la eternidad. Los seres espirituales no se queman o sufren dolor como los seres físicos, pero serán cortados de Dios para siempre. Así que la idea de ser castigados por la eternidad aplica a Satanás y sus demonios, no a los seres humanos.

En cambio, cualquier persona que sabiendo se rehúsa a vivir de acuerdo a las leyes que producen felicidad y paz, no será resucitada a vida eterna como ser espiritual, como lo fue Cristo. Dios, en Su amor, no quiere una persona viviendo para siempre en una actitud de rebelión y la desdicha que esa actitud produce. Así pues, el malvado incorregible se le dejará de hacer sufrir, como se representa por los fuegos del Gehenna. Se hace referencia de estos en Apocalipsis 20:14 como “la segunda muerte”—una descontinuación permanente de vida. Si el fuego del infierno ha llegado a significar cualquier cosa por medio de la tradición religiosa, es importante darse cuenta que la Biblia no enseña eso.

En futuras ediciones, Visión explorará en mayor detalle el origen y conceptos como la inmortalidad del alma así como la idea de que a todos aquellos que no son “salvos” en esta vida están destinados por la eternidad.

RICHARD BURKY
richard.burky@visionjournal.org
y JEANNETTE B. ANDERSON
jeannette.anderson@visionjournal.org

REFERENCIAS SELECCIONADAS:

1 Agustín, La Ciudad de Dios (traducida por Marcus Dods), in A Select Library of the Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church, Vol. 2, editado por Philip Schaff (1886). 2 Keith R. Crim y George A. Buttrick, The Interpreter’s Dictionary of the Bible (1976). 3 Wendy Doniger (editor), Merriam-Webster’s Encyclopedia of World Religions (1999). 4 David N. Freedman (editor-in-chief), The Anchor Bible Dictionary (1992). 5 Gerhard Kittel y Gerhard Friedrich (editores), The Theological Dictionary of the New Testament (1964). 6 Platón, Gorgias (traducido por W.R.M. Lamb) in Plato in Twelve Volumes (1967). 7 Estrabón, Geografía (traducida por Horace L. Jones), in Loeb Classical Library (1917–1932).


I. INTRODUCCION

Para poder entender este tema que ha sido tan mal interpretado por todas las generaciones religiosa post Calvario, vamos a estudiar la etimología y significado de las palabras del hebreo y griego con el fin de aclarar la verdad sobre este asunto.

Comenzando podemos decir que el termino infierno no existe en ninguno de los idiomas o lenguas arameo, hebreo y griego en que fue escrita originalmente la biblia.

Infierno es una palabra que fue introducida cuando los traductores católicos plasmaron los escritos de los idiomas originales al latín, que fue la lengua religiosa domínate en Europa durante los siglos XV al XVIII d.C. Hicieron una biblia totalmente en latín llamada la Vulgata Latina.

Infernum es el término usado en latín cuyos traductores católicos, le dieron una connotación interpretativa substitutiva a la palabras Sheol del hebreo; Hades y Gehena del griego, esto trajo como consecuencia una notable confusión y un concepto falso, de lo que realmente significan las palabras que aparecen en los manuscritos mas antiguos encontrados de la biblia, y que la institución católico romana cambio, transliteró, substituyó, manipuló, cambió para “atemorizar” a sus feligreses con la falsa apreciación de la palabra infierno como lugar de castigo a los que no cumplieran con los preceptos religiosos impuestos.

Vamos a estudiar la etimología de cada una de las tres palabras con el fin de aclarar la verdad sobre la mentira que tanto católicos como evangélicos o cristianos de todas denominaciones, religiones judías, orientales y occidentales, utilizan para amedrentar a la grey con una expectativas que resultan desde el punto de vista bíblico, una falsedad, un fraude, una gran mentira.

II. INFERNUM

Como señaláramos anteriormente, esta palabra proviene del latín, idioma que prevaleció por varios siglos en Europa. Este termino fue introducido en la biblia por primera vez en el año 1586 cuando Casiodoro de Reina, monje católico, tradujo de los manuscritos mas antiguos encontrados e introdujo la palabra infernum pero ya el los siglos XII—XXIII, Dante Alighieri en su obra La Divina Comedia habla de el infierno. “Lugar donde los condenados sufren eternamente” es el significado que al Real Academia de La Lengua Española da a esa palabra.

Causa curiosidad que los traductores de las ediciones revisadas de la Biblia en esta era moderna, solamente se hayan dedicado a hacer una transliteración de esta palabra, cosa que no ha sido suficiente para eliminar de manera notable esta confusión y falso concepto sobre ese término.

II. SHEOL

Esta palabra hebrea, aunque la han hecho un sinónimo de el termino infierno, no tiene similitud de forma ni de fondo con el significado que le dan. La palabra Sheol de los escritos antiguo testamentario tenían una indicación simple, sin connotación religiosa ya que se refería exclusivamente a “tumba, pozo de suciedad, morada de los muertos”, sin distingos morales, religiosas, políticos o de raza. Hasta ahora no se consigue un termino en español que traduzca sin contradicciones, la palabra Sheol.

La Enciclopedia Britanica comenta sobre lel Sheol que “la condición de los muertos no era ni de dolor ni de placer. Tampoco se asociaba con el Sheol la recompensa de los justos ni castigo para los inicuos. Lo mismo buenos que malos, tiranos que santos, reyes que huérfanos, israelitas o gentiles, todos dormían juntos sin conciencia los unos de los otros”

III. HADES o GEHENA

Estas dos palabras del griego tienen la misma connotación en referencia al tema que nos ocupa. Gehena equivale a la palabra Ge Hinnom del hebreo que significa Valle de Hinnón. También se llamaba Gai ben-Hinnom que significa “Valle del hijo de Hinnom”. Aunque algunas veces es traducido como Hades en el griego tiene el mismo significado de Gehena.

Es muy importante conocer el detalle que después del año 638 a.C., el Valle de Hinnóm se convirtió en el lugar utilizado para incinerar los desperdicios, cuerpos de animales y de las personas muertas en Jerusalén y sus alrededores. El basurero se mantenía encendido por tanta basura y cuerpos, que se arrojaban diariamente en ese lugar, que dicho sea de paso, todavía ese valle profundo existe en este siglo XXI quizá como testimonio aclaratorio sobre el caso que estamos tratando.

IV. LA REALIDAD RELIGIOSA

VS.

LA REALIDAD BIBLICA

REALIDAD RELIGIOSA

Se sabe que por varias centurias las palabras infierno, diablo, Satanás, demonios, han sido utilizadas por las diferentes corrientes religiosas para sentar en el banquillo de los acusados, a todo aquella persona, creyente o no, que no actúa de acuerdo a los preceptos indicados por las diferentes iglesias o denominaciones, estas alegaciones han hecho desgraciados, desdichados e infelices a millones de creyentes alrededor del mundo que no saben como bregar con los deseos engaños que hay en su cuerpo natural por causa de la imputación del pecado de Adán en ellos.

Los “eruditos” bíblicos han asociado siempre al infierno con el diablo, demonios y Satanás por lo que no podemos aclarar una cosa sino lo hacernos con la otra.

Se ha dicho que la morada del Diablo es el infierno en donde el fuego es su ambiente, sin embargo, si analizamos que Satanás, Diablo o Beelzebú o como se le quiera llamar, era un “espíritu”, no es aceptable que “habite” en un mundo de fuego con el resto de los pecadores cuando él es un espíritu.

El fuego solo sirve para quemar cosas materiales y ese ente llamado diablo, era un espíritu celestial que fue “creado perfecto, en todos sus caminos, desde el día que Dios lo creo, hasta que se halló en él maldad” (Ez. 28:15) vale la pena creer que el infierno como tal, no estaba preparado para él y sus ángeles.

Vamos a suponer y aceptar solamente para aclarar conceptos, de que el subjetivo infierno todavía esta con su “boca” abierta esperando a todos aquellos que no se ha “amoldado” a la vida religiosa y que “mueren en pecado”, si eso es así, hay una contradicción bíblica muy conflictiva porque para comenzar, la materia prima con la cual el trabajaba el diablo era el pecado, pero este, de acuerdo a lo que quedó plasmado en la biblia por el escritor de Hebreo, fue quitado del medio. Dice el tratado a Los Hebreos Jesús “no puede ofrecerse muchas veces como entraba el sumo sacerdote en Lugar Santísimo cada año con sangre ajena….de otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, para el año 67 d.C. fecha en que se escribió Hebreos, en la consumación de los siglos, se presentó UNA VEZ PARA SIEMPRE por el sacrificio de sí mismo PARA QUITAR, no cubrir ni arropar por un año como cuando la ley, DE EN MEDIO EL PECADO” (Heb. 9:25,26).

Si recibimos que Jesús “quitó para siempre” pecado de nuestras vidas, y este era el “ingrediente” que usaba Satanás para acusarnos delante de Dios y condenarnos al infierno, cabe esta pregunta: ¿Cómo puede Satanás acusar a la generación post Calvario si ya Jesús con su sacrificio quito el pecado del mundo para que Dios los pueda ver sin manchas, sin arrugas y sin contaminación?

LA REALIDAD BIBLICA

Amado lector, puede ser que lo que vamos a aclarar en esta sección de la enseñanza remueva sus fibras religiosas, pero comprendemos y aceptamos cualquiera sea su reacción natural, sin embargo, nuestra única intención es traer luz a su vida de creyente, sea de la religión que sea, sobre la realidad bíblica de este tema tan mal tratado y peor interpretado que tiene que ver con el infierno, o lugar de tormento, a donde de acuerdo a esas corrientes teológicas, es el destino final de todos los pecadores.

Como estudiamos en la sección anterior, “la materia prima” del diablo para acusarnos, supuestamente, delante de Dios, es el pecado que nosotros cometemos, pero, como vimos en el tratado a Los Hebreos, esa “material” fue quitado de en medio por el sacrificio de Jesús” con el fin de “no tomarle en cuenta a los hombres sus pecados” (2 Cor. 5:19) y de hecho, si Dios no toma en cuenta nuestros pecados, ¿Quién es el diablo que nos puede acusar de los pecados que ya El quitó? O, quien es el hombre que nos pueda señalar o tomar en cuenta nuestros “pecados” , si Dios ya eliminó de su léxico la palabra pecado? Lo que vamos a ver a continuación es aun mas interesante y arroja una luz mas brillante sobre este tema del infierno.

Cuando Dios en su plan eterno decidió que Adán y Eva hicieran lo que el había determinado que ocurriera, ¿Por qué Dios no los condenó al Hade o al Gehena? ¿No eran ellos “candidatos” para estar en ese “lugar de tormento” llamado infierno? Ellos acababan de “estropear” directamente parte del plan eterno de Dios que es mucho decir. ¿Por qué la palabra infierno no figura como tal, en ninguno de los libros del Antiguo Testamento?

Cuando estudiamos los libros antiguo testamentarios de la biblia, podemos notar que los hebreos nunca estuvieron preocupado por Satanás, ni por el diablo, ni por los demonios, sino que estuvieron ocupados mas bien en esperar cada año durante la fiesta de la pascua, para presentar ofrenda por sus pecados que eran “cubiertos” por el lapso de un año. Los judos luchaban más contra las acusaciones que le hacían los religiosos de la época amparados en la ley de Moisés, que sentirse culpables por los pecados que cometían a diario.

Cuando Dios enviaba a algún ángel a aniquilar a alguien por causa de su pecado contra, o en el pueblo de Israel, simplemente ejecutaban la orden del Señor con la persona, grupos, o ejércitos enteros, sin embargo, no hay indicios bíblicos de que los ejecutados por los ángeles enviados de parte de Dios, fueran remitidos “al infierno” o algún otro “lugar” por el pecado cometido.

De acuerdo a la creencia que la morada de Satanás y sus demonios era el infierno, eso también se disipa si creemos lo que el escritor de Hebreos habla sobre el destino del diablo. Satanás desapareció del mapa bíblico una vez cumplió con la misión para lo cual había sido puesto en Edén: Destituir y enemistar a la humanidad con Dios.

Después de Edén, el ministerio espíritu-terrenal del diablo quedó “dormido”; solamente en un pasaje que aunque habla de “un espíritu malo”, no dice que hubiera sido el mismo Satanás: “El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová, Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta” (1 Sa. 16:14,15). Otro verso en el antiguo testamento que hace mención a Satanás, es la visión celestial que Dios le mostró a Zacarías acerca de Josué en donde mismo Dios reprendió a Satanás, este episodio se estaba realizando en el cielo mismo: “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, Cristo mismo, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda” (Zac. 31,2)

Después de Edén, Dios mismo tomó control de la balanza del bien y del mal. El profeta Jeremías en su escrito de Lamentaciones 3:37,38 enseña esta verdad de la siguiente manera: “¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no lo mandó?, luego contesta con una pregunta afirmativa: ¿De al boca del altísimo no sale LO BUENO y LO MALO? . La razón de Dios tomar el control que tiene hasta hoy día de lo bueno y de lo malo, es porque el ministerio de Satanás en aquel tiempo estaba fuera del juego de Dios. Luego reaparece en el desierto para tentar a Jesús utilizando la misma táctica que utilizó con Adán y Eva, pero esa vez, con Jesús no le dio resultado.

Aproximadamente tres años y medio después de su aparición, Satanás iba a desaparecer no solo del panorama bíblico sino también de las vidas de los habitantes de la tierra, porque su ministerio, su imperio de muerte iba a ser exterminado la tarde del Calvario tal como lo expone el Zacarías: “y quitaré el pecado de la tierra EN UN DIA” (Zac. 3:9), observemos que no dice quitaré el pecado de la tierra UN DIA, como algo hipotético, sino que dice específicamente: EN UN DIA, ese UN DIA fue la tarde del Calvario. La única manera de quitar el pecado de una vez y por todas, era eliminando al tentador e instigador del pecado y la ley que lo regulaba.

La verdad anterior la corrobora el escritor de Hebreos cuando dice: “Así que, por cuanto los hijos, espíritus hechos perfectos, participaron de carne y sangre, si participaron de carne y sangre era porque estaban en un estado espiritual, él también, Dios mismo siendo espíritu, participó de lo mismo, de carne y sangre al amalgamarse en el cuerpo natural del hombre llamado Jesús, para destruir, sinónimo de aniquilar, exterminar, acabar, desaparecer, echar abajo, dar al traste, demoler, arruinar, devastar, por medio de la muerte, de Jesús en el Calvario, al que tenía el imperio de la muerte, ya su imperio feneció, esto es al diablo” (He. 2:15)

Con esta verdad de la destrucción eterna del diablo, podemos llegar a la conclusión lógica de que, si la morada de Satanás o diablo era el infierno, del cual todavía en este siglo XXI las iglesias cristianas se están cuidando, vale esta interrogante: Si el diablo fue destruido: ¿Para que sirve entonces el infierno que era su morada? Si el pecado fue quitado del medio y el diablo fue destruido: ¿Quién nos puede acusar de pecado o separarnos del amor de Dios si Jesús es quien nos justificó? y si no hay diablo, ¿Para qué infierno?.

Todas estas verdades nos deben llamar a reflexión para vivir una vida de reposo en lo que el hizo y no en lo que nosotros podamos hacer, el lo hizo todo para que nosotros no tuviésemos que hacer nada para lograr la salvación de nuestras almas. El pecado de Adán imputado en nosotros que nos separaba de la gloria de Dios, fue sustituido por otra imputación: La justificación de vida en Cristo Jesús, por eso es que Dios “nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin manchas delante de el en amor. (Ef. 1:4)

V. EL INFIERNO: MITO O REALIDAD

Para responder al titulo de esta sección vamos a utilizar lo que enseño Jesús sobre este asunto. Debemos recordar que cada vez que vemos la palabra infierno, se refiere a Hades o Gehena porque la palabra infierno no es del original sino una palabra del latín que no tiene el significado de los términos bíblicos originales.

Recordemos que la palabra Gehena viene del vocablo griego Guéenna que es el equivalente al hebreo Gueh Hinnóm que significa “valle de Hinnóm” y que en su forma compuestas Gueh beneh-Hinnóm o Gai ben-Hinnom, se traduce como: “valle de los hjjos de Hinnóm”. Estos nombres los podemos ver en Josué 15:8. “Luego sube por la cumbre de monte que está en frente del valle de Hinom hacia el occidente”. También hay otra referencia en 2 Reyes 23:10. “Así mismo profanó a Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom”. Geográficamente , ese lugar es conocido hoy como Wadi er-Rababi, es un valle estrecho y muy profundo situado entre el sur y suroeste de la Jerusalén actual.

En 2 de Crónicas se narra que en la época de los reyes de Judá, en el siglo VIII a.C, en ese valle se hacían ritos paganos en donde se sacrificaban niños en fuego. “De veinte años era Acaz cuando comenzó a reinar, y dieciséis años reinó en Jerusalén; mas no hizo lo recto ante los ojos de Jehová, como David su padre. Antes anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y además hizo imágenes fundidas a los baales. Quemó también incienso en el valle de los hijos de Hinom e hizo pasar a sus hijos por fuego”. (2 Cr. 28:1-3) Otra escritura dice: “De doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalen, pero hizo lo malo ante los ojos de Jehová….Y pasó a sus hijos por fuego en el valle de los hijos de Hinom”. (2 Cr. 33:1,6) Llama la atención que todas la referencias en la biblia acerca del ese lugar “valle de Hinom o valle de los hijos de Hinom” esta relacionado con fuego, sacrificios de humanos, muertes, etc.

Otras referencias que usted amado lector puede buscar están en: Josué 15:8; 18:16 en el itinerario de Dios le monstro a Josué su viaje de conquista. Nehemías 11:30 que señala que el valle de Hinom estaba en las afueras de Jerusalén. Jeremías 19:6 que habla sobre la maldición que Dios hizo sobre aquel valle.(Vs. 3).

Como hemos estudiado hasta ahora, cuando en la biblia es mencionado ese lugar como valle de Hinnom; valle de los hijos de Hinnom, se describe como un valle real situado en las afueras de Jerusalén. Después del año 638 a.C, el valle de Hinnom se convirtió en el lugar utilizado para incinerar los desperdicios de Jerusalén, incluyendo cuerpos de animales y personas.

David Kimhi fue un erudito judío quien vivió entre los años 1160 y 1235, dijo que el valle se convirtió con el tiempo en el basurero de Jerusalén, el cual se mantenía ardiendo a fin de incinerar los desperdicios y cuerpos. Por esta razón Jesús siempre usaba expresiones como: “horno de fuego” (Mt. 13:42); “tinieblas de afuera” (Mat. 8:12; 22:13); “lloro y crujir de dientes” (Mt. 24:51) “el fuego no puede ser apagado” (Mar. 9:43) “el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Mar. 9:47); no cabe duda de que cuando Jesús hablaba de el infierno, se estaba refiriendo al valle de los hijos de Hinnón que estaba en “las tinieblas de afuera” de Jerusalén, que siempre esta ardiendo de día y de noche por la cantidad de basura y cuerpos arrojados en el mismo.

Muchas traductores de la biblia, especialmente los católicos y evangélicos, traducen la palabra guéeena como infierno como en Matero 5:22 y la razón de esa traducción, es porque relacionan el fuego literal que ardía en aquel valle con la creencia pagana de que los malos recibirán un castigo ardiente después de morir en pecado. No obstante, nunca Jesús vinculo el Gehena a un tormento de ninguna índole.

Jesús sabia que a Dios no le agrada de ninguna manera la idea de quemar viva a una persona. En el libro de Jeremías 7:32 Dios envía un castigo sobre Judá porque “han edificado los lugares altos a Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar a fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mandé, ni subió a mi corazón”.

El mito del tormento a los muertos que mueren sin conocer a Cristo, o “en pecado”, no está en concordancia con el amor que Dios profesa a su creación, tampoco con lo que enseña el sabio Salomón en Eclesiastés: “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen mas paga; porque su memoria esta puesta en el olvido” (Ec. 9:5) Observemos la frase “no tienen mas paga”, eso se puede concatenar con la enseñanza del apóstol Pablo: “todo lo que el hombre sembrare, mientras esta en vida, eso también segará mientras viva”, (Gal. 6:7) por eso la cátedra de Salomón cobra vigencia como un paralelo de la enseñanza paulina.

“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas porque en el Seol, a donde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría” (Ec. 9:10) esta verdad no se compagina con lo que la religión enseña del infierno. Veamos estas otras enseñanzas de Salomón: “porque el hombre va a su morada eterna…y el polvo, refiriéndose a nuestra conformación molecular idéntica al de la tierra, vuelva a la tierra, como era, refiriéndose a la “formación del hombre del polvo de la tierra”, “y el espíritu vuelva a Dios que lo dio” (Ec. 12:5,7) porque como dice Pablo: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos” (Fil. 3:20)

VI. CONCLUSION

Resumiendo: Podemos decir con toda honestidad que el lugar de tomento concebido por la religión como el infierno o “lago de azufre” del libro de Apocalipsis, Seol, Hades, Gehena, no es mas es una fantasía, un cuento de viejas, una fabula creada por mentes religiosas que en vez de educar a los creyentes para que sean triunfadores en Cristo, se les mantiene atemorizados por un diablo que fue destruido, acabado, exterminado, aniquilado, y por un infierno que nunca ha existido puesto que como vimos, solo se trataba de un vulgar basurero profundo situado en las afueras de Jerusalén, y que como testigo de la historia de los acontecimientos que allí ocurrieron, todavía en pleno siglo XXI existe en la geografía jerosolimitana, pero hoy con el nombre de Wadi er-Rababi, en la misma Jerusalén donde los reyes, profetas y el propio Jesús vivieron y desarrollaron sus ministerios.

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